EL TRABAJO DOMÉSTICO Y CUIDADO NO REMUNERADO:
Las mujeres, por su condición de madres, hijas y pareja, se ven llevadas a soportar una carga más en la realización de sus proyectos de vida.
Esta mayor carga, por lo general, no se ve reconocida económicamente, lo que lleva a la mujer a estar en desventaja frente al resto de la sociedad que trabaja.
El trabajo doméstico y cuidado no remunerado se refiere a las actividades cotidianas necesarias para el mantenimiento del hogar y el bienestar de las personas realizado por mujeres en beneficio de sus hogares.
a. Características clave:
– Desigualdad en la distribución: Las mujeres dedican 2 a 3 veces más tiempo que los hombres a estas labores (según CEPAL y ONU Mujeres).
– Invisibilidad económica: Aunque sostienen la economía y el bienestar social, no se contabilizan en el PIB ni en políticas públicas.
– Barreras para autonomía: El tiempo dedicado al cuidado limita el acceso de las mujeres a educación, empleo formal, participación política y ocio.
– Interseccionalidad: Mujeres pobres, rurales, indígenas o migrantes enfrentan mayores cargas por falta de acceso a servicios básicos (agua, guarderías).
c. Impactos concretos en las mujeres:
– De tiempo: No tienen horas disponibles para generar ingresos o capacitarse.
– Precariedad laboral: Cuando trabajan fuera del hogar, asumen una “doble jornada”.
– Salud física y mental: Estrés, lesiones por esfuerzo repetitivo y desgaste emocional.
d. Ejemplos de medidas transformadoras:
– Políticas públicas: basados en planes, programas y proyectos que buscan impactar favorablemente en el mejoramiento de la calidad de vida de las mujeres.
– Cambios culturales: Campañas que promuevan masculinidades corresponsables y flexibilización en el acceso a beneficios y oportunidades sociales.
– Reconocimiento económico: legislar a favor de la remuneración a la actividad doméstica y otros beneficios en la consecución de la autonomía de las mujeres.
De hecho, se tienen cálculos que, si el trabajo no remunerado se pagara, éste representaría entre 15% y 30% del PIB en América Latina según la OIT.



